jueves, 16 de diciembre de 2010

....GRACIAS!!! ( cuento)

GRACIAS
Cuando Lucía leyó el remitente de aquél sobre blanco y grande se le iluminaron los ojos. En esos momentos era tan feliz, que todo lo de alrededor desapareció, y se quedaron a solas ella y aquella carta tan maravillosa que tanto tiempo llevaba esperando. Tardó un buen rato en decidir abrir el sobre, estaba tan nerviosa que sentía una mezcla de emociones entre alegría, curiosidad, miedo por el contenido… Al fin se decidió, lo destapó con la mayor delicadeza que jamás haya existido, y poco a poco fue sacando la hoja fina y suave que se encontraba en el interior, y de la que esperaba que salieran miles y miles de palabras magníficas. Lucía comenzó a leer, y poco a poco se le iban iluminando los ojos. Esta carta tan importante venía de la mano de un joven llamado Sergio, el cual había conocido durante su estancia de verano en Galicia. Lucía había decidido irse todo el verano allí sola para despejarse y pensar, después de haber pasado una larga temporada de altibajos y del fallecimiento de un familiar cercano. Un buen día, dando un paseo por las verdes y preciosas montañas de A Coruña…

…sentada frente al paisaje, descansaba la vista en aquel prado verde y empecé a recordar. A contemplar mis recuerdos como si fueran ajenos a mí, como si hubieran sido vividos por otra persona que no era yo.
Decidida me levante y comencé a dar pasos. Anduve sin sentido durante algunas horas perdiendo completamente la noción del tiempo, cuando inesperadamente divisé la casa, aquella casa.
Una mezcla de temor y esperanza, pero sobre todo remordimiento por haber dejado atrás todo lo conocido, recorría todo mi cuerpo. Pero allí estaba mi futuro, tan impredecible.
Caminé, llegué a la entrada. La casa era maravillosa. Rodeada de hierba, se trataba de Una mansión de muros de mampostería a los que se había añadido una mano de cemento, tal vez para restaurarla.
Seguí observándola durante varios minutos y para mi sorpresa…..






… encontré entre esas altas y grandes paredes un cuadro que me llamó la atención. Ese cuadro era el preferido de mi tía, fallecida hacía tres meses por una grave enfermedad, se trataba de unas obras de Picasso, de esas raras y coloridas que solía pintar el autor. A mi tía María le encantaba el arte y por ello se dedicaba a restaurar tanto cuadros, como esculturas…
Al ver el cuadro me acordé de mi tía y me vinieron muchos recuerdos. Entonces sin darme cuenta empezaron a caer lagrimas de mis ojos. Yo no quería llorar pero tampoco podía parar de hacerlo.
En ese momento sentí una mano sobre mi espalda y escuché una voz de un chico que me preguntaba : ¿ Quién eres? ¿ qué te pasa?
Al girarme vi a Sergio, un chico moreno de ojos verdes y de piel muy clara. Era un chico guapísimo y con un acento gallego muy chocante.
Yo al verlo me quede un poco cortada y respondí con una sonrisa. Una vez ya calmada le expliqué que estaba paseando y acabé en esa casa y al ver el cuadro me trajo recuerdos de mi tía fallecida.
Sergio me sonrió y me empezó a contar la larga historia de ese cuadro y de cómo había acabado en esa casa…
Tras finalizar de contar Sergio la historia, ambos quedaron abatidos. Fue una tarde de recuerdos para ambos. Recordaron ese verano tan maravilloso que pasaron juntos, y Sergio le explicó los dos motivos por los que estaba allí.
Uno de ellos era el cuadro.
De ese cuadro solo quedaban dos reliquias y una era allí en A Coruña. Sergio iba en busca de ese cuadro. Quería comprarlo al dueño de la casa, puesto que también era el preferido de su padre. Un hombre ya mayor y enfermo, al que lo único que le hacía ilusión en ese momento era tener ese cuadro.
Ese cuadro para el hombre significaba mucho. El artista se había inspirado en su familia para pintarlo. En esa gran familia que un día llegaron a ser, pero que por circunstancias de la vida se rompió.
Ese día Sergio tenía una cita con el propietario de aquella preciosa casa. Su único objetivo era comprar el cuadro. Pero al final acabó también comprándo la casa en la que dos meses después se fue a vivir con Lucia.
Esa maravillosa tarde de Diciembre él le confesó que, desde que se separaron ese verano había estado buscándola y que no había dejado de pensar en ella en un solo momento. Lucía quedó sorprendida puesto que ella sentía lo mismo.
Ambos se dieron un fuerte abrazo y desde ahí ya no volvieron a separarse nunca.

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